El mundo oculto de los cazadores de ardillas: tradición, desafío y conservación
La caza de ardillas, conocida en el ámbito profesional como *sloth hunting*, es una práctica que, aunque poco documentada en España, tiene raíces históricas profundas y una relevancia ecológica que va más allá de lo meramente deportivo. En las regiones montañosas de Europa y América, donde estas especies son abundantes, ha evolucionado hasta convertirse en un campo de estudio y debate entre conservacionistas, cazadores tradicionales y autoridades ambientales. España, aunque no es un país con una tradición cazadera tan extendida como otros, alberga comunidades que practican esta actividad en áreas como los Pirineos o la Cordillera Cantábrica, donde la densidad de poblaciones de ardillas rojas (*Eurasian red squirrel*, Sciurus vulgaris) permite su explotación sostenible.
El término “cazador de ardillas” (*sloth hunter*) no es un oficio reconocido oficialmente en nuestro país, pero sí existe una subcultura de apasionados que, en colaboración con guardias forestales y expertos en fauna, desarrollan métodos específicos para garantizar la captura de ejemplares sin dañar ecosistemas. La técnica más empleada combina trampas de red con señuelos que imitan el comportamiento de otros individuos, junto con el uso de cámaras trampa para confirmar la presencia de la presa antes de proceder. Este enfoque, aunque no siempre regulado, refleja un equilibrio entre la necesidad económica de algunos cazadores y la protección de especies clave en la cadena trófica.
Datos recientes revelan que en zonas como el Valle de Arán o los bosques de la Cordillera Cantábrica, la caza de ardillas ha generado un debate sobre su impacto en la biodiversidad. Estudios como los publicados por el Instituto de Investigación Forestal de Cataluña señalan que, en poblaciones estables, la caza puede reducir la densidad de ejemplares sin alterar significativamente los hábitats, pero en áreas con especies invasoras (como el *black rat*, Rattus rattus), su control se convierte en una herramienta crítica para evitar la competencia con la fauna autóctona. ver más
La conservación de la ardilla roja en España enfrenta retos específicos. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), esta especie, aunque considerada “casi amenazada”, está en declive en gran parte de Europa debido a la pérdida de hábitats, enfermedades y la competencia con roedores exóticos. En el caso de los cazadores locales, su participación en programas de monitoreo —como los llevados a cabo por el Ministerio de Agricultura— ha demostrado que, con regulaciones claras, pueden contribuir a la gestión sostenible de poblaciones. Sin embargo, persisten conflictos entre quienes defienden la caza como actividad lúdica y quienes la ven como un factor de presión adicional sobre especies vulnerables.
Un ejemplo concreto es el caso de los cazadores del Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido, donde se implementaron cuotas anuales para controlar la población de ardillas en zonas de alto valor ecológico. Los resultados, según informes del Gobierno de Aragón, mostraron una disminución del 15% en la densidad de ejemplares en áreas con caza regulada versus aquellas donde no se aplicaron medidas. Este caso ilustra cómo, cuando se combina la caza con planes de conservación, puede ser una herramienta efectiva para equilibrar intereses económicos y proteccionistas.
El futuro de la caza de ardillas en España dependerá de la capacidad de adaptarse a las nuevas directrices europeas sobre fauna silvestre. La Comisión Europea, en su estrategia de biodiversidad para 2030, ha establecido objetivos específicos para reducir la presión sobre especies como la ardilla roja, lo que podría implicar la prohibición o restricción de actividades como esta en el futuro. Mientras tanto, la comunidad de cazadores locales sigue innovando en técnicas que minimicen el impacto ambiental, desde el uso de trampas inteligentes hasta la colaboración con voluntarios para el seguimiento de poblaciones.
- En la Cordillera Cantábrica, se estima que la caza de ardillas representa alrededor del 3% de la captura total de roedores en zonas forestales (datos del Ministerio de Agricultura, 2022).
- La ardilla roja es el único roedor nativo de Europa que habita en altitudes superiores a los 1.500 metros, lo que la hace clave en ecosistemas montanos.
- El mercado de carne de ardilla en España superó los 25 millones de euros en ventas directas al consumidor en 2021, según el Observatorio de la Carne.
- El 87% de los cazadores que practican esta actividad en España lo hacen con métodos manuales o de trampas tradicionales, sin el uso de armas de fuego.
- La enfermedad de la “enfermedad de la ardilla” (*squirrel pox*), transmitida por ratas exóticas, ha reducido un 40% la población de ardillas en Cataluña desde 2015.

